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La dicha de ayudar.
Reflexion (Paz Total)

Dichoso el hombre que tiene su fortaleza en ti, en cuyo corazón están tus caminos. Salmos 84:5

Un hombre se dirigía a su hogar y se le hizo muy tarde para cruzar el bosque, por más que se dio prisa, la noche lo cubrió y caminaba a oscuras entre la densa oscuridad y lo espeso de las plantas y árboles que absorbían la luz de la luna, la lluvia no se hizo esperar y arrecio con toda su fuerza, de por sí ya era difícil continuar el camino, ahora con la lluvia era aun mas difícil, el frio era insoportable y sus piernas agotadas por el largo viaje ya no podían con su cuerpo, el frio le helaba la sangre haciendo más difícil el sendero, entre tanto dolor, frio y agotamiento su mente le traicionaba y le instaba a detenerse y dejarse caer y morir, sin embargo no se quería rendir ante su propia conciencia, pero, de pronto escuchó un sonido lejano, como un quejido de ayuda, era muy leve a pesar del fuerte sonido del viento y la lluvia, así que se detuvo un poco para escuchar con atención a ver si tan solo era una mala pasada que le jugaba su mente, mientras temblaba fuertemente, ya no podía seguir caminando y el sonido escuchado parecía ser su producto de su imaginación, continuó avanzando ya a punto de desfallecer cuando escuchó de nuevo y esta vez más cerca el débil llamado de auxilio de una persona, apresuro el paso y trato de descubrir el origen del clamor, hasta que pudo notar un cuerpo derrumbado de un hombre mayor, ya en sus últimos esfuerzos por vivir, así que se agacho, mientras intentaba practicarle los primeros auxilios a este hombre moribundo y con la poca fuerza que tenía, se esforzó por rodarlo y empujarlo hasta poder sacarlo del bosque, la lucha por salvar a este hombre y arrastrarlo fuera del bosque era muy fuerte, tanto así que por un momento sentía que el corazón se le salía del pecho y perdía toda sus energías, en algunos momentos cayó al piso, pero lograba reincorporarse de nuevo, sin embargo no dejo morir a este hombre allí solo, así que lucho con la fuerza que tenia y al final pudo sacarlo del espeso bosque y ya cuando estuvo fuera del bosque pudo notar el amanecer y el sol que ya comenzaba a mostrar su esplendor, la lluvia había cesado y ni cuenta se había dado, tanto tiempo paso tratando de salvar a ese hombre que se olvido de sí mismo, se olvido del tiempo, se olvido de su propios problemas, el frio de su cuerpo ya no era mortal ya que tanto esforzarse por salvar una vida lo hizo mantener en calor y por un momento reflexiono que gracias a intentar salvar la vida de aquel moribundo hombre pudo salvar la suya propia también. Muchos de nosotros quizás estamos en una situación similar, quizás caminando solos por el camino terrible de la vida o tal vez tendidos en el camino ya listos para morir, sin embargo Dios jamás nos abandona, siempre hay alguien que deja de pensar en sí mismo y decide escuchar la voz de Dios y así ayudar a otros, cuando ayudamos a otros y nos olvidamos de nosotros, Dios entonces se ocupa de nuestros problemas, pero cuando vemos a otros sufrir y teniendo como hacer algo no hacemos nada por esa persona, terminamos tendidos nosotros en el piso mas adelantes y solos ahora esperando a ver quién nos ayuda, Dios quiera que seamos nosotros los que ayudamos y no de los que negamos la ayuda, porque es siempre mejor dar ayuda que recibirla, pero cuando damos sin medida, sin medida recibiremos también. Recuerda; aun en la crisis y a riesgo de tu propia vida, no dejes de ayudar a los demás, quizás sea el medio usado por Dios para ayudarte a ti mismo.

Autor: David Cedeño

Fecha de PublicaciĆ³n: 15-Dec-2017

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